Milán volvió a convertirse la pasada semana en el epicentro de la moda internacional con el desfile de Roberto Cavalli, una colección marcada por el protagonismo del oro y los detalles en hilo metálico dorado que reinterpretan el imaginario magnético de la maison.
Moda y perfumería: una estrategia de posicionamiento conjunto
En paralelo a la pasarela, la fragancia Serpentine se posicionó como eje de una activación especial vinculada al desfile. Inspirada en el icónico símbolo de la serpiente —uno de los códigos más reconocibles de la casa italiana—, fue la encargada de firmar un viaje exclusivo a la capital lombarda para un grupo seleccionado de creadoras de contenido.
Lola Lolita, Jessica Goicoechea, Ares Aixalà y Carla Hinojosa asistieron al desfile como invitadas de la marca, integrando la fragancia dentro de una experiencia que combinó moda, perfumería e identidad de marca.
La acción refuerza la estrategia de Roberto Cavalli de vincular estrechamente su universo olfativo al de la alta costura. Serpentine, concebida como una fragancia floral amaderada y ambarina, articula esta conexión tanto a nivel sensorial como visual.

La composición combina bergamota y grosella negra en la salida, un corazón de jazmín sambac, magnolia, lavanda y azafrán dorado, y un fondo de vainilla y pachulí con efecto “segunda piel”. El frasco, rodeado por una serpiente dorada —que en el formato de 100 ml puede transformarse en pulsera—, traduce de forma literal el código joya que define a la firma.
La experiencia en Milán situó a Serpentine como hilo conductor entre desfile, identidad estética y relato digital. De este modo, la fragancia no solo acompaña la colección, sino que actúa como extensión del universo Cavalli, en una estrategia que integra moda, lujo y perfumería.














