Puig continúa reforzando su estructura directiva con el nombramiento de Sergi Llera como vicepresidente y director general de Iberia, cargo desde el que asumirá la dirección del negocio de España y Portugal. El directivo, vinculado al grupo desde hace más de siete años, pasa a liderar uno de los mercados estratégicos de la compañía tras haber desempeñado otros puestos de responsabilidad dentro del grupo.
Sergi Llera asume el rol de vicepresidente y director general de Puig Iberia
A falta de comunicado oficial, ha sido el propio Llera quien ha dado a conocer su nueva posición a través de su perfil de Linkedin, donde informa que desde el pasado 1 de junio ha asumido el cargo de vicepresidente y director general de Puig Iberia.
Hasta ahora, Llera ocupaba el puesto de General Manager Commercial EMEA, responsabilidad que asumió en noviembre de 2023 y desde la que coordinaba la estrategia comercial de Europa, Oriente Medio y África.
Con este nombramiento, Puig confía la dirección de Iberia a un ejecutivo con una amplia trayectoria interna y profundo conocimiento del negocio en España y Portugal.
Nueva etapa organizativa
El nombramiento de Llera se produce en un momento de transformación para Puig, inmersa en un proceso de evolución de su modelo de gobierno corporativo desde su salida a Bolsa en mayo de 2024.
El cambio más significativo se produjo este año con la separación de las funciones de presidente y consejero delegado. José Manuel Albesa asumió el cargo de CEO, mientras Marc Puig pasó a centrarse en la presidencia ejecutiva del grupo, una decisión que ha supuesto un nuevo paso en la profesionalización de la gestión de la compañía cotizada. La reorganización vino acompañada de cambios en el Consejo de Administración y de una revisión de la estructura directiva internacional.
A estos nombramientos se suma el de Renaud de Lesquen como presidente de Rabanne que se encarga de liderar moda y fragancias.
Este proceso ha coincidido con uno de los episodios corporativos más relevantes de la historia reciente de Puig, las conversaciones mantenidas con Estée Lauder para estudiar una posible combinación empresarial. Las negociaciones, que trascendieron públicamente durante la primavera, finalmente no prosperaron y ambas compañías decidieron poner fin al proceso sin alcanzar un acuerdo.
«Con nuestro máximo respeto para Estée Lauder, no fue posible llegar a un acuerdo que fuera satisfactorio para ambas partes«, declaró Marc Puig. Aunque la compañía indicó que no hubo entendimiento en cuestiones de peso como el coste de la operación, hay que recordar un hecho clave que tuvo lugar dos días antes de que se comunicase el cese de la negociación: la fundadora de Charlotte Tilbury, marca de la que Puig posee el 78,5%, pidió renegociar el contrato que mantiene con la compañía hasta 2031. Este contrato incluye una cláusula de control que daría derecho a la empresa británica a vender su 21,5% en caso de fusión o adquisición de Puig y habría obligado a Puig a pagar unos 860 millones de euros, lo que alteraría los cálculos financieros de la transacción, encareciéndola considerablemente.